Mayo 25, 2018

¿Es posible una inteligencia artificial con emociones y sentimientos?

Los seres humanos interactuamos constantemente y sin darnos cuenta con sistemas de inteligencia artificial en nuestra rutina diaria. Muchas personas ya empiezan a sentirse emocionalmente vinculadas a ellas pero, ¿tiene sentido que este sentimiento sea recíproco?, ¿es posible que las máquinas puedan llegar a sentirse emocionalmente involucradas con nosotros? ¿qué relación hay entre la inteligencia artificial y los sentimientos?

La inteligencia artificial o IA ya está entre nosotros, no en forma de crueles robots asesinos estilo ciencia ficción Terminator, sino en una forma muchísimo más sutil de tecnología inteligente: chatbots, reconocimiento de expresiones faciales, traductores, asistentes personales, recomendadores de películas, etc. Sin embargo, mucha gente no es consciente de estar interactuando ya con sistemas de inteligencia artificial y reaccionan con rechazo y miedo hacia el propio concepto de una máquina inteligente que pueda aprender por sí misma. La preocupación más inmediata es ser sustituido en tu trabajo por un sistema de inteligencia artificial, pero no falta quien se preocupa también por la posible destrucción de la raza humana en manos de las máquinas.

Esta reacción es completamente normal. Desde los primeros años de las ciencias de la computación con John MacCarthy, Alan Turing, y Marvin Minsky hasta nuestros años, hemos alimentado nuestra autoestima como especie basándonos en nuestra superior inteligencia humana, y ahora llega la inteligencia artificial y empieza a ganarnos a jugar al ajedrez (máquina deep blue), a conducir coches autónomos, sistemas expertos que actúan y manejan grandes cantidades de datos sin esfuerzo (big data), a resolver problemas y complicadas operaciones en tiempo mínimo, a descifrar el genoma humano… Inevitablemente nos empezamos a preguntar si las máquinas no acabarán siendo mejores y si no intentarán esclavizarnos o acabar con nosotros.

Esta manera de pensar se debe a que de forma no consciente estamos asumiendo que una máquina es capaz de sentir emociones, y que esas emociones podrían llevarla a intentar exterminar la raza humana. Pero la realidad es que los sistemas de inteligencia artificial no tienen emociones.

El que el ser humano tenga emociones es resultado de nuestra propia evolución. Científicos como Charles Darwin estudiaron el hecho de que el objetivo final de las emociones humanas es el de orientar al organismo hacia su supervivencia, y nuestro organismo necesita sobrevivir porque está vivo. En relación a esto hay tres reflexiones que pueden ser especialmente interesantes:

  1. ¿Necesitarán las máquinas (que obviamente no están vivas) en algún momento sentir emociones?

  2. ¿Es útil para los seres humanos que las máquinas tengan emociones?

  3. ¿Es posible dotar de emociones a las máquinas? 

Ninguna de ellas tiene una respuesta clara.

¿Necesitan los sistemas de inteligencia artificial sentir emociones?

Pensando en los sistemas actuales que incorporan inteligencia artificial y que usamos habitualmente no parece que necesiten tener emociones propias, ni parece que tenerlas pueda servir al sistema a realizar mejor las tareas que tienen que realizar.

En el caso de sistemas que se relacionan con humanos sí que puede ser de gran valor que esos sistemas sean capaces de detectar ciertas emociones básicas o sentimientos humanos, y reaccionar adaptándose a ellas. ¿No sería útil que nuestro móvil modificara sus interfaces en función de nuestro estado de ánimo o experiencia emocional? Sin embargo, eso no significa en ningún caso que la tecnología  tenga emociones, es decir, las máquinas no necesitan ser empáticas, como mucho necesitan parecerlo.

¿Es útil para los seres humanos que las máquinas tengan emociones?

Si pensamos desde un punto de vista de ventajas para cada persona, a priori puede parecer que no nos debería hacer falta: simplemente con que parezca que tienen emociones es suficiente. Sin embargo, es obvio que los seres humanos somos capaces de establecer vínculos emocionales con las máquinas y quizá en algún momento tengamos la necesidad de que esos vínculos sean recíprocos y reales, igual que nos ocurre con las personas.

Si pensamos desde un punto de vista de ventajas como especie humana, hay quien opina que si los sistemas de IA tuvieran emociones podrían ser compasivas y quizá evitar el apocalipsis que algunos temen. Pero por otro lado, los sistemas de IA podrían tener emociones no precisamente positivas con la raza humana.

¿Es posible dotar de emociones a las máquinas?

Para tratar de responder a esta pregunta es especialmente interesante tratar de entender cómo funciona el cerebro y las emociones humanas.  

Lo primero es entender qué provoca la reacción emocional (sigue este enlace para leer sobre emoción y razón) en el comportamiento humano. Básicamente la reacción puede venir provocada por un estímulo externo que captamos con nuestros sentidos o bien por un estímulo interno que puede ser una alteración de la homeostasis (sistema de autorregulación del cuerpo) o un estímulo debido a nuestra propia cognición.

Una vez que se produce el estímulo, se producen cambios no conscientes en el estado somático, que es lo que se conoce como emoción. Por último, si la emoción es lo suficiente intensa, se produce una evaluación cognitiva, social, contextual y de entorno que es lo que denominamos sentimiento de emoción.

gráfica explicativa de cómo funciona el cerebro para procesar emociones y sentimientos

Una forma que tenemos de estudiar las emociones humanas es estudiar los cambios no conscientes y no controlables que generan en el cuerpo humano. Gracias a los últimos avances en neurotecnología, podemos medir exactamente estos cambios y estudiarlos. Pero nos encontramos con muchas dificultades como el problema del reverse inference (no existen patrones somáticos específicos de cada emoción), las variaciones intersujeto (no hay dos cerebros iguales), e intrasujeto (tu cerebro cambia y evoluciona en el tiempo).  

Todo esto hace que estemos lejos de crear un algoritmo que sea capaz de copiar como se producen las emociones humanas. El estándar a día de hoy para estudiarlas es utilizar estímulos de calibración (por ejemplo, muchas imágenes positivas), programas de cómputo y algoritmos de aprendizaje automático - machine learning - (tipo redes neuronales artificiales),los cuales buscan correlaciones entre los parámetros de la actividad cerebral (por ejemplo medida con nuevas tecnología de EEG como el EEG minimal o EEG versátil de Bitbrain) y el tipo emocional de las imágenes. Posteriormente un programa informático desarrolla un modelo computacional de cómo reacciona el cerebro de esa persona específica, con ese tipo de estímulo específico (imagen) que provoca una emoción específica (por ejemplo positiva). Este modelo se utilizará para saber, cuando la persona ve una imagen cualquiera, si esa imagen le está provocando una emoción positiva.
 
Pero los modelos computacionales no son el cerebro humano, no replican el cerebro humano y están lejos de hacerlo.
 

En cualquier caso, imaginemos que en un futuro pudiéramos replicar con un algoritmo el modo que el cerebro tiene de generar las emociones, ¿significa eso que un sistema de inteligencia artificial con este algoritmo podría sentir emociones o desarrollar una inteligencia emocional?

Probablemente no. Al final, las emociones humanas dependen también de la percepción que tenemos del exterior y de nuestro interior. En el caso humano, la percepción del mundo exterior la conseguimos con nuestros sentidos y la percepción del mundo interior depende de la homeostasis a nivel básico y a nivel más elaborado de nuestra cognición.  

¿De qué modo ven el mundo exterior y su mundo interior los sistemas de inteligencia artificial? ¿Es comparable a la forma que lo vemos los humanos? En general no. Por ejemplo, para un chatbot de texto su manera de ver el mundo exterior es exclusivamente el texto que le demos: esa es su realidad. Para un sistema de reconocimiento facial, todos los estímulos que le lleguen serán por vídeo, nada más… ¿Una realidad vista sólo con texto o con vídeo podría llegar a generar el mismo tipo de emociones que la realidad que percibimos nosotros con nuestros cinco sentidos? De nuevo, probablemente no. Pero además, estos sistemas no tienen necesidad de sensores internos. Es decir, no van a generar ningún tipo de emoción que provenga de la introspección por lo tanto, será difícil que sientan amor o celos.

A día de hoy, los sistemas que están más cerca de parecerse a los seres humanos son los que se estudian en el campo de developmental robotics. En este campo de estudio, los investigadores trabajan con robots que tienen sentidos cada vez más complejos (visión, audio, tacto…) e información interna (nivel de batería, calentamiento del sistema, equilibrio, energía necesaria para realizar una tarea…). Estos investigadores buscan entender cómo es el desarrollo de los seres humanos desde que son bebés hasta que se convierten en adultos, buscan entender cómo aprendemos los humanos y cómo se produce la toma de decisiones, y buscan que los robots aprendan del mismo modo. En este campo, se estudian arquitecturas cognitivas de las que emergen comportamiento a través de la experiencia. Sin duda, estos sistemas de inteligencia artificial son los que más cerca estarían de desarrollar emociones sintéticas similares a las humanas.  

Antonio Damasio, uno de los neurocientíficos que más ha estudiado las emociones y sentimientos humanos, afirma tajante:

“Estoy totalmente en contra de la idea de que la inteligencia artificial puede recrear una mente humana”

Y probablemente tenga razón, ya que para que una inteligencia artificial tuviera emociones humanas no sólo tendríamos que recrear el cerebro humano sino también sus sentidos, su cuerpo y su cognición.

No te pierdas las reflexiones de María López, CEO de Bitbrain y de los demás ponentes, durante el evento de Everis: Amor e Inteligencia Artificial.

El Equipo de Bitbrain

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